En una ocasión un rey llamó a sus servidores y los envió a invitar a todos sus súbditos a una fiesta que iba a organizar para celebrar el cumpleaños de su hijo, su único hijo.
Sus empleados fueron a todos los rincones del reino invitando a todos los pobladores, no sin antes insistir en que la fiesta estaría muy surtida de bebidas y comidas. Se habían escogido los mejores vinos y las más sofisticadas carnes.
El día de la fiesta los invitados empezaron a llegar con sus mejores galas, en los carruajes más sofisticados y las joyas más preciosos. Todos llevaban regalos envueltos en lindos papeles.
La mesa principal estaba servida y ahí estaba el Rey y su hijo, contentos de ver tal concurrencia.




























