La ONU Quiere Implantar Un Impuesto A Las Emisiones De CO2 En Todo El Planeta


Naciones Unidas ha puesto encima de la mesa la nueva etapa de “la lucha contra el calentamiento global”. A pesar de admitir que no existen datos “racionales” que lo justifiquen, la ONU exige a todos los gobiernos que implanten “con energía”  un impuesto que grave el carbono.

LORENZO RAMÍREZ

El último informe sobre el comercio y el desarrollo de la ONU establece las líneas maestras de la nueva etapa de la “lucha contra el calentamiento global” y muestra sin tapujos cuál es el objetivo: instaurar un impuesto mundial que grave las emisiones de carbono y adoptar una política de subvenciones para impulsar las energías renovables.

Y todo ello sin presentar ninguna estimación económica que respalde su propuesta. De hecho, el documento admite sin tapujos que “en el debate sobre la mitigación del cambio climático es prácticamente imposible basar ninguna decisión racional en estimaciones de costes y beneficios, a causa de la considerable incertidumbre de esos cálculos y del carácter altamente subjetivo de los juicios que implican”.

Desde esta perspectiva, Naciones Unidas considera que la tarea principal de los gobiernos es “guiar” las actividades económicas introduciendo “incentivos, desincentivos y reglamentos que impongan o prohiban” de acuerdo a la “preferencia pública”. Es decir, más intervención de los estados en la vida de los ciudadanos y las empresas.

“Impuesto personal” por emitir carbono

Pero esta vez, el organismo va más allá que en otras ocasiones y pide un impuesto mundial que grave las emisiones de carbono, una iniciativa que ya está estudiando Francia y que se encuentra en la agenda de las reuniones de la Unión Europea. Para lograr este fin, la ONU reclama la “intervención gubernamental enérgica” coordinada a nivel internacional.

La otra locomotora europea, Alemania, también analiza esta tasa del carbono. Al menos así lo asegura el consejero del gobierno germano, Joachim Schellnhuber, un científico que solicita un impuesto personal por emitir dióxido de carbono.

Precisamente, en España, el Gobierno ultima su nueva “Ley de Economía Sostenible, con la que el presidente, José Luis Rodriguez Zapatero, pretende “cambiar el modelo productivo del país”. La norma tendrá medidas de “fiscalidad verde”, como ha confirmado la vicepresidenta segunda, Elena Salgado. Más impuestos para cubrir el agujero de las cuentas públicas.

Más gasto público

El informe de la ONU no sólo hace referencia a esta vía para obtener ingresos, sino que ahonda en la expansión del gasto de los Estados que, en último termino, sufragan los contribuyentes.

En concreto, señala que “hasta el momento no se ha invertido lo suficiente” y pide “políticas proactivas, incluidas subvenciones y la adquisición pública de patentes para impulsar el progreso tecnológico y acelerar la recuperación del antiguo retraso en las inversiones”.

Finalmente, el organismo defiende el mercado de derechos de emisiones, es decir, el sistema por el cual aquellos países que contaminen más de lo establecido en el modelo deben comprar a los demás estados el excedente de CO2. No obstante, admite que no está funcionando como sería deseable. Se trata de penalizar las emisiones, pero el sistema no funciona, según revela Bjorn Lomborg.

El mercado de emisiones es costoso e ineficaz

Lomborg ha sido reconocido como una de las 100 personas más influyentes por Time y uno de los jóvenes líderes del mundo. El autor de El ecologista escéptico plantea un mejor destino de los recursos para paliar el calentamiento global en su nueva obra En frío, una invitación a enfriar el planeta y el debate.

En un reciente artículo para el diario El Mundo, Lomborg critica las políticas de reducción de gases de efecto invernadero por “caras, políticamente difíciles e ineficaces”. El danés es un defensor de las políticas para la “lucha contra el cambio climatico”, pero que sean eficientes y no cercenen aún más la libertad de las sociedades.

“En términos de minimización de los daños producidos por el clima, reducir las emisiones de metano es más barato que reducir las emisiones de carbono y, como además el metano es un gas de vida mucho más corta, su disminución puede contribuir en gran medida a evitar parte de lo peor del recalentamiento a corto plazo”, indica.

Además, como recuerda Lomborg, hay otros estudios que “ponen de relieve los beneficios de reducir las emisiones de carbono y las ventajas de utilizar los bosques para reducir los gases de efecto invernadero, sobre todo si nos planteamos unos objetivos drásticos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero”.

Respecto a la tasa de carbono, Lomborg cree que “un impuesto sobre las emisiones elevadas de carbono no hará más que perjudicar el crecimiento económico si no hay disponible una tecnología alternativa, lo que no llevará sino a empeorar nuestra situación”.

Propone que “los políticos abandonen todas esas negociaciones tan difíciles sobre la reducción de las emisiones de carbono y que en su lugar lleguen a acuerdos de inversión en investigación y desarrollo”.

Fuente http://www.libertaddigital.com

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